La Muerte -Civíl- de Correa traerá éxito al Ecuador finálmente.

Ecuador puede, finalmente descubrir los trapos sucios y hediondos del corrupto de Correa, de sus robolucionarios de Odebrecht y compañías de su comunismo chino.

Villavicencio y Assange

La historia de la acción comunicativa, en su despliegue social, humano y ciudadano tiene paradojas, laberintos, zonas oscuras, agujeros negros y venas abiertas por las cuales se fugan evidencias, pruebas y certezas. Su presencia suele ser resultado de actos políticos y arbitrariedades de totalitarismos. Ante esto, ninguna racionalidad debe detenerse. Todo lo contrario, es preciso penetrar cada una de ellas y develarlas.

Por esto los casos del periodista Fernando Villavicencio y del seudocomunicador y “hackeador” Julian Assange nos llevan a establecer cómo y hasta dónde la arbitrariedad del totalitarismo de los robolucionarios de Odebrecht operó para perseguir, enjuiciar y apresar al primero, mientras con el segundo se actuó como verdadero cómplice y encubridor de acciones que nada tienen que ver con la democracia y las libertades públicas, sino con delitos de acoso y abuso sexual.

A Villavicencio se lo sometió a un proceso sistemático, continuo, perverso, y hasta de terrorismo de Estado (pues se invadió su privacidad, se expropiaron sus computadoras, se amenazó a su familia y atormentó a sus pequeños niños) para silenciarlo e impedir que sus investigaciones sobre los hechos de corrupción del correato salieran a la luz pública. A Assange, acusado de delitos contra las mujeres, se lo asiló en la embajada en Londres y allí se lo ha mantenido por años. E incluso, en el colmo de la tontería y ridiculez, se lo quiso convertir en diplomático de un país al cual ofendió calificándolo de “insignificante” (noviembre de 2012).

Así son las huellas y evidencias que deja el correato respecto al tratamiento que se dio a un periodista honesto, auténtico y valiente, y a un “hackeador” que no tuvo el valor de dar la cara ni enfrentar los procesos que por acoso y abuso sexual le instauraron.

Esto dice que hay que seguir descubriendo las evidencias ocultas del totalitarismo del correato. Y asimismo, otorgarle los honores a todos aquellos que como Villavicencio sí representan la prensa libre, la investigación auténtica y la firmeza de convicciones democráticas. La justicia tardó pero llegó. Hoy puede seguir descubriendo los trapos sucios y hediondos de la mafia corrupta de AP, de los robolucionarios de Odebrecht y compañías del comunismo chino.

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